Formar en competencias y destrezas en equilibrio con el enfoque tradicional de la educación es vital en la actualización docente.

Este enfoque trata de dar cabida a una nueva manera de ver el hecho educativo, más allá de procurar solamente una serie de contenidos conceptuales almacenados en nuestra memoria y en la de nuestros alumnos.

Hace mucho que venimos observando que hay ciertos procesos que dejaron de ser eficaces y nuevos de ellos que, definitivamente, merecen nuestra atención.

La reciente experiencia de la pandemia dejó en evidencia la necesidad del cambio de algunas de nuestras prácticas, para darle paso a otras un tanto diferentes e innovadoras.

Como docentes, cambiamos. Nos hicimos más eficientes ante un nuevo entorno de intercambio con nuestros estudiantes.

Surgió una necesidad, se volvió algo urgente. Pudimos observar que para algunos maestros fue más difícil que para otros.

Incluso, hubo quienes sucumbieron y abandonaron la que había sido su labor por largos años.

¿Te has puesto a pensar el por qué de estas diferencias?

No creo que haya una respuesta absoluta para ello, por eso de que cada persona es un mundo en sí misma pero, lo que sí luce claro es que dependía mucho de lo que éramos capaces de hacer y que implicaba algo más allá de los conocimientos que teníamos almacenados en nuestro cerebro hasta ese momento.

Vivimos una especie de revolución en el área de la educación a nivel global.

Ser expertos en contenidos relacionados con un área específica empezó a estar en un plano diferente, ya no era suficiente para afrontar el reto.

Es decir, el que yo supiera de memoria todo el programa de Ciencias de segundo año de bachillerato había sido sustituido por documentos disponibles en la web.

Entonces, ya no era una novedad transmitir información a mis estudiantes. Ya contaban con Google para conseguirla.

Por otra parte, cambiar la clase magistral en el aula de clases por hacerlo frente a una pantalla y hablar sobre temas concretos tampoco nos estaba dando tan buenos resultados.

Además, nos empezamos a cuestionar cosas como ¿Qué hacer para enseñar fracciones a distancia? ¿Qué herramienta usar para enseñar sobre nomenclatura química o lograr la comprensión de Don Quijote?

¿Qué era lo que estaba cambiando y cuál era la mejor forma de hacerle frente a lo que estaba pasando?

Al principio imaginamos que la solución estaba en conseguir un programa o aplicación que, instalada en algún dispositivo electrónico, nos permitiera intercambiar información con nuestros alumnos, pero no, no era eso nada más.

No había que empezar por aprender sobre tecnología, había que ir más profundamente y eso se evidenció en muy poco tiempo.

Enfoque por competencias

Requeríamos de otras habilidades, unas que no fueran técnicas, eran inherentes a nuestra propia manera de ver el mundo, tenían que ver con nuestro desempeño.

Esas cualidades eran distintivas, marcaron la diferencia. Quedó claro para qué éramos competentes.

Habilidades como el manejo del estrés, comunicación, empatía, trabajo en equipo, toma de decisiones y gestión del cambio, son solo algunas de las que podemos nombrar como responsables de que, en nuestra misión docente, lográramos sobreponernos a un desafío tan grande y que aún sigue en curso.

Enfoque por competencias

Visto en este contexto, desde nuestra experiencia en el campo profesional, nos damos cuenta de lo que es tener habilidades para unas cosas y no para otras.

Pasa todo el tiempo en los diferentes ámbitos de nuestra vida y es lo que determina que superemos los retos.

Es lo mismo que les toca vivir a nuestros estudiantes, sólo que, aún están en la etapa de crecimiento en estas competencias y, muchas veces, no tienen plena conciencia de ello.

Formarnos para ser competentes es importante.

Por ello, la invitación es a empezar por nosotros mismos de modo de convertirnos en profesionales más exitosos y poder acompañar a nuestros estudiantes a lograrlo también.

Miremos en nuestro interior e identifiquemos nuestras fortalezas y áreas de oportunidad, de ese modo, desde la vivencia misma, podremos hacernos eco de esta nueva forma de acompañar a nuestros estudiantes en su proceso educativo.

Vivamos la experiencia que queremos que vivan nuestros alumnos. Seamos parte de este nuevo enfoque!

Ya sabemos que el esfuerzo en que guarden conceptos concretos en su memoria es sólo parte de lo que necesitan.

También hay que ayudarlos a entender cómo usar esos conocimientos, para qué les sirven y, más aún, qué sentido tiene que los adquieran.

La educación del siglo XXI requiere desarrollar una serie de rasgos personales de manera simultánea y de una forma que los estudiantes encuentren sentido inmediato a sus experiencias educativas, de manera que consideren a las escuelas como una experiencia relevante en sus vidas.

Reimers y Chung (2016)

Cuántas veces nos preguntaron de qué sirve tal o cual concepto?

Insistimos en guiarnos por un programa, estandarizado, que se ha quedado sólo en comprobar cuánto hemos almacenado en nuestro cerebro.

¿Qué tal si, además de asegurar el dominio de áreas concretas, también les ayudamos a conseguir el sentido, la aplicabilidad? ¿Qué tal si fomentamos en ellos la reflexividad, la metacognición?

Acompañemos a nuestros muchachos en su proceso de hacer preguntas, de ser críticos, éticos y buenos ciudadanos.

No somos islas, la escuela no está compuesta de islas constituidas en cada docente con una asignatura determinada.

Más allá del currículo establecido, está nuestra conciencia. Es necesario cambiar el enfoque.

El mundo requiere más respeto, más preocupación por el otro, más humanidad.

Pues procuremos, a través de estrategias novedosas, la formación integral de esos líderes de mañana.

Muy importante, empecemos por nosotros mismos. Trabajemos en nuestras destrezas y habilidades, en nuestras competencias.

Si vivimos el aprendizaje, trabajaremos de la misma manera, de forma natural, con nuestros estudiantes.

Cambiemos paradigmas! Sigamos aprendiendo! Seamos verdaderos ejemplos!

Estemos seguros de que siempre podemos formarnos, independientemente de la edad que tengamos y de la etapa de la vida que estemos transitando.

La buena noticia, es que estamos diseñados para aprender sin límites.

Así que, ¡hagámoslo!

Emilia 🍎🍎🍎


Emilia Montero

Docente de vocación, emprendedora y formadora innata. Siempre de la mano de la actualización, la estrategia parte de ponerse en los zapatos del otro y ser empático. ¡Vamos por más!

1 comentario

Dayana Espinoza · julio 26, 2022 a las 11:29 am

En total acuerdo. Realmente es maravilloso leerte. Mi admiración y respeto. Gracias, gracias, gracias. !!

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